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Supersticiones marineras: sin paraguas, mujeres y curas…

Sabemos que el temor a lo desconocido ocupa a todas las profesiones, pero en el mundo de la mar, hay supersticiones de lo más variado, por ejemplo:

En la armada inglesa se consideraba que silbar atraía la mala suerte. Esto podría tener su explicación en que las órdenes del contramaestre se transmitían a través de un silbato. Los silbidos de un tripulante podían confundir al resto.

Nunca jamás debe llevarse un paraguas a bordo, pues según la tradición, es una forma segura de llamar al mal tiempo.

El nombre de los barcos es importante. No deben elegirse nombres tales como "Huracán", "Rayo" ,"Tempestad" o cualquier otro que evoque los peores fenómenos meteorológicos. De la misma manera que cambiar el nombre a un barco ya bautizado, asegura la desgracia.

Los días de la semana también tienen su parte. Tradicionalmente, en los países de cultura hispana el día tabú era el martes. En la sajona, el viernes. Si además de esto caía en 13, el viaje que se emprendiera estaría totalmente gafado. La creencia era tan profunda que los Capitanes de barcos de flete, tenían potestad para adelantar o atrasar una salida si se daba esta fatídica combinación.

En cuanto a las personas non gratas a bordo, dos grupos estaban totalmente vetados: las mujeres y los curas. Las primeras porque se les atribuía la capacidad de invocar las tempestades. Si analizamos esta creencia desde un punto de vista más objetivo, parece muy razonable el esfuerzo de la autoridad por evitar la presencia de una o varias mujeres en alta mar, en barcos cuyas tripulaciones exclusivamente masculinas y en su mayoría de dudosa procedencia, podía llevar meses sin pisar tierra. Es fácil imaginarse la tensión. Con respecto a los curas, es posible que la aprehensión hacia ellos viniera dada por su presencia en los funerales y por tanto su asociación a la muerte. Ya que es muy poco probable que los marineros ocuparan sus escasos días de permiso en ir a misa, cabe suponer que las únicas veces que veían a un sacerdote era con motivo de alguna desgracia.

Pero no todo trata de la mala suerte. También hay formas de atraer la buena ventura:

Desde antiguo es tradición colocar una moneda (preferiblemente de oro o plata) bajo el palo mayor. A parte de una buena jarcia, es una forma más de evitar que éste caiga.

Los gatos eran muy apreciados a bordo, pues se creía que ahuyentaban la mala suerte en general. Además mantenían el barco limpio de ratones y cucarachas.

Y no podemos olvidar la costumbre que prevalece hoy en día, de romper una botella de vino contra el casco el día de la botadura de un barco. Al parecer los orígenes de esta ceremonia provienen de la Grecia clásica, donde se derramaba un poco de vino sobre la cubierta de la embarcación como ofrenda a los dioses.

Como conclusión podemos decir que hoy en día, la mejor fórmula para tener la buena suerte de nuestro lado cuando salimos a navegar, es contar con un buen parte meteorológico y mucha, mucha prudencia.

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